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La Maravillosa Grasa “Parda”

Por: Myra Sánchez
editorial@placerespr.com

Aquellos que hemos visitado más de un médico, dietista o clínica para adelgazar, somos quizás de los pocos que escuchamos sobre la existencia de la grasa marrón o “parda” en nuestro sistema.  En mi caso, recuerdo nítidamente cuando un médico me preguntó si yo era friolenta, porque entendía que mis niveles de grasa marrón eran muy bajos y ello se relacionaba con mi lento metabolismo. En aquel momento pensé “los indios vienen” pues nunca había escuchado sobre ello y lamentablemente el médico bariatra no elaboró mucho al respecto, si no que añadió otra “marca” a la lista de razones por las cuales tengo dificultad para perder peso.

La barriga es uno de los puntos donde se acumula la grasa blanca . Foto: CCO Creative Commons/

Por aquello de no dejarlos ignorantes, el cuerpo humano acumula dos tipos de grasas en su tejido adiposo: la blanca y la parda. La blanca es a la que nos referimos con frecuencia y que provoca los desagradables depósitos alrededor del cuerpo, como en la cintura, la barriga, las caderas, muslos y brazos cuando consumimos y no “quemamos” calorías en exceso.  En el caso de la “parda”, se trata de la grasa responsable de quemar energía para aumentar el calor del cuerpo cuando hace frío, la cual toma su color oscuro de la alta concentración de mitocondrias.

Hasta hace unas décadas su valor iba ligado a la protección de los bebés al nacer, pero un sinnúmero de estudios realizados en diferentes partes del mundo, han relacionado la grasa parda, cuyos depósitos en el cuerpo disminuyen con el paso de los años, con la delgadez. Mejor aún, se ha comprobado que en los países de frío constante, donde el cuerpo activa por necesidad esta grasa, hay menos personas obesas.

De otra parte, mediante estudios tomográficos se ha confirmado que los depósitos de  grasa parda en el cuerpo van a variar de un individuo a otro. Los resultados de estas tomografías sugieren que donde más el cuerpo acumula esta grasa es en la zona que comprende cuello, hombros, brazos y en la columna. Un bajo nivel de grasa parda, no solo es frecuente entre personas obesas, sino también en diabéticos y se supone que las mujeres aventajan a los hombres aún con la poca cantidad que prevalece de esta grasa en sus cuerpos.

Por lo anterior, se están llevando a cabo experimentos alrededor del mundo para provocar el estímulo de la grasa parda, como el de someter a individuos por cierta cantidad de horas diarias a bajas temperaturas, algo que demostró que con ello pueden quemar entre 20% y 30% de más energía, cada día. De igual forma, la revista Small Methods, publicó que un grupo de científicos de la Universidad Tecnológica de Nanyang en Singapur, ha desarrollado un adhesivo (parcho) al cual están adheridas micro agujas, que al ponerse sobre áreas de alto depósito de grasa blanca liberan las mismas, introduciendo a través de éstas un medicamento que convierte la grasa blanca en grasa parda y con ello han logrado un efecto adelgazante en ratones. De alguna manera, esto coincide con la teoría del Dr. Bruce Spielgeman, profesor de biología celular y medicina de la Harvard Medical School, cuyos estudios para desarrollar terapias en torno a los trastornos metabólicos han sido reconocidos mundialmente, infiriendo que la grasa blanca puede adquirir la propiedad de quemar calorías que tiene la marrón, a la que él llama “grasa beige”.

En lo que los científicos se ponen de acuerdo sobre cómo “trasplantar” o “convertir” la grasa blanca en grasa parda en los humanos, ya se sabe que es posible aumentar la cantidad de esta grasa en el cuerpo si consumimos ácido ursólico, disponible en la cáscara de las manzanas, las peras, los arándanos y las ciruelas. También está presente en las algas marinas y en el aceite de oliva.

Al final, de cada persona que observo ha perdido gran cantidad de peso y me atrevo a preguntarle, obtengo la misma respuesta: “lo logré cerrando el pico” o “reduciendo la cantidad de alimentos en cada comida, merendando y tomando mucha agua”. Sin embargo, datos como los ofrecidos en este reportaje nos ayudan a entender las causas que provocan que sea mucho más fácil engordar que rebajar y, de repente, aportan para considerar alimentos que de rutina no comemos.


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