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Encuentro de Amor en la Diáspora

Por: Myra Sánchez

Es de todos conocido que, durante la última década, muchos jóvenes puertorriqueños, particularmente profesionales, han decidido radicarse en los Estados Unidos en busca de mejores oportunidades. En algunos casos, porque estudiaron allí y consiguieron buenos empleos, en otros, porque no consiguieron oportunidades que llenaran sus expectativas a nivel local.

Partiendo de esta premisa, la llamada diáspora puertorriqueña es hoy una heterogénea con representación en variedad de Estados americanos.

Ese es el caso de los protagonistas de nuestro reportaje de enamorados. Para proteger su intimidad estamos otorgándoles nombres ficticios: Verónica y Francisco. Se trata de una historia romántica que reunió a dos jóvenes puertorriqueños en Florida, quienes me atrevo a decir que, si no es así, difícilmente se hubieran conocido en Puerto Rico.

Comienzo por decir que Verónica es una profesional destacada en comunicaciones, algo que logró a través de un talento innato y estudios que incluyen maestría en una universidad de Florida. Decidir radicarse en la Florida, luego de estudiar toda su vida en Puerto Rico, tuvo que ver con que su madre y su abuelito adorado se mudaron a ese estado por razones de salud y bienestar. Sin embargo, Verónica vivía independiente desde que comenzó su trabajo como profesional en una prestigiosa empresa en Miami. Los cuentos de sus primeros años en Miami son increíbles, especialmente cuando conocemos en ella a una chica dulce, romántica, sencilla y familiar. Lo anterior, debido a que se veía enfrentándose a un ambiente muy lleno de apariencias, competitivo,  costoso y a veces peligroso. Precisamente por el costo de vida, la parte simpática de vivir en un lugar como Miami, la de divertirse, no era una que pudiese disfrutar con frecuencia. Verónica es muy linda y había llevado a distancia un noviazgo que se enfrió con el tiempo, hasta que ella decidió terminar la relación. Para entonces, su dedicación y profesionalismo habían provisto para que Verónica se destacase en la industria y fuera ya independiente económicamente.

Así las cosas, pasados unos meses de sanación, Verónica le comentó a una amiga de su trabajo, también puertorriqueña, que quería conocer nuevos amigos y se sentaron con la página de Facebook de su amiga para que ella le mostrase fotos de sus amigos solteros. Del grupo salieron dos muchachos que le interesaron y uno era Francisco.

Les cuento que Francisco vivió más tiempo en Puerto Rico y lleva en Miami unos 7 años. Se fue de Puerto Rico decepcionado por la falta de oportunidades y queriendo cambiar de ambiente pues sentía mucha tristeza por la reciente muerte de uno de sus mejores amigos por una enfermedad catastrófica.  Fue precisamente un amigo que se había mudado antes, quien le invitó a pasar por un proceso de entrevistas y cuando llegó a Miami ya tenía empleo. Se supone que era un empleo bien remunerado, pero encontrarse con el costo de vida, provocó que tuviera que compartir apartamento, algo que en su momento se convirtió en una situación complicada. Le gustaba Miami, pero extrañaba su gente y no le gustaba la importancia que dan muchos a vivir de apariencias, un cambio que notaba aun en personas que conocía desde Puerto Rico y no eran antes así. Por lo anterior, el joven, que en Puerto Rico era sumamente gregario y fiestero, prefirió llevar una vida más tranquila y buscar pareja. Los desaciertos se impusieron, buscando sin encontrar y llegando a pensar que se quedaría soltero. Fue así como un buen día le llamó un buen amigo, alguien muy afín, para decirle que se mudaba de otro estado a Miami y que necesitaba apartamento, por lo que decidieron buscar uno que sirviera para compartir entre ambos, en un buen lugar y con independencia en espacios. Y así fue como comenzó una etapa más agradable pues entre los conocidos de uno y del otro, se sentían muy cómodos. En el aspecto profesional, luego de descubrir que, aun teniendo maestría y grandes logros en sus ejecutorias, sus deseos de progresar lo llevaron a otra empresa internacional en la que lleva años y se siente a gusto.

El encuentro de Verónica y Francisco fue provocado por una invitación que le hiciera a Francisco la compañera de trabajo de Vero, quien también invitó a la actividad al otro muchacho que ella había escogido en Facebook. El hecho es que, llegado el momento, Francisco se quedó fuera del lugar, compartiendo con amistades que se encontraban allí y el otro joven fue el que le dio conversación a Vero toda la noche. En su momento las amigas hablaron y la “celestina” le dijo a Vero que veía que Francisco estaba afuera y se iba en cualquier momento, por lo que salieron juntas y le presentaron a Francisco. Vero se aseguró de pedirle su contacto para poderlo invitar a otras actividades como la que estaban compartiendo, algo que ocurrió semanas después.

Francisco llegó al lugar donde había sido invitado con su “roommate” y cuando Vero los vió, llamó al amigo de Francisco por su “nick name” de la niñez. Francisco, que no conocía el apodo, le dijo a Vero, “no, él se llama…” pero, el amigo corrigió a Franco diciéndole que era él, pero que quería saber cómo la muchacha lo sabía. Sepan que Vero y el roommate, habían estudiado de chicos en un colegio privado en San Juan y además, vivían muy cerca, por lo que sus abuelos los iban a buscar juntos al salir. A partir de ese momento se convirtieron en “the three amigos” y organizaban actividades juntos, hasta simplemente reunirse en sus respectivos apartamentos. Así, aprendieron a conocerse, apoyarse y  quererse. Vero iba un paso adelante, porque a ella le gustaba Franco y por su parte, él iba descubriendo que ella tenía grandes cualidades y era muy determinada. Un buen día, su “roommate” le dijo a Franco, que notaba que ella estaba enamorada de él, pero que pensara bien si seguir adelante, porque ella no era una muchacha para perder el tiempo.  Así fue como comenzaron a encontrarse solos y todo cambió.

Al año de llevar una relación estable y de forma muy romántica, en una Nochebuena, Franco le pidió a Verónica que se casara con él. Para entonces, ambos conocían sus respectivas familias y aunque muy diferentes en carácter, estaban enamorados. Fue en ese momento que le pidieron al “roommate” ser el padrino y le comentaron que habían decidido comenzar una relación de convivencia, razón por la cual el “tercer amigo” debía buscar dónde vivir, algo que ocurrió sin problema y a satisfacción de todos.

Me cuentan que la ceremonia nupcial y la celebración fueron muy alegres pues familiares y amigos de ambos, viajaron desde diferentes lugares para la ocasión. Los casó un sacerdote puertorriqueño que estaba también muy feliz luego de conocerlos ya por un tiempo. Entre otras palabras, comentaba que ella era una dulzura y él, un gran muchacho, alegre y simpático que siempre le hacía reír con sus ocurrencias.

Para ellos, siempre será un día para recordar por lo emotivo y por la presencia de tantos seres queridos que de rutina no pueden ver, pero con quienes se comunican constantemente. Y, es que, Franco sigue siendo el mismo tipo cariñoso y gregario, y su amor por Puerto Rico no cambia, por lo que se mantiene al tanto de todo lo que pasa. Por su parte, Vero es muy familiar y entre unos y otros nunca se sienten solos.

Verónica y Francisco viven cumpliendo sus sueños, porque al filo de este reportaje se acaban de enterar que están esperando un bebé, una sorpresa que ha llenado sus vidas de emociones e ilusiones.

Al final, confiamos que este relato les haya gustado y confirmado que es posible encontrar la persona amada en cualquier lugar, aun en la diáspora borincana.


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