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Humildad vs Arrogancia

Por: Ivelisse Agostini
editorial@placerespr.com

La vida está llena de opciones para escoger cómo deseamos vivir nuestras circumstancias y cómo interactuar con las demás personas y las suyas. Con el tiempo y la madurez se aprende algo sobre la convivencia, pero no hay duda de que todo empieza “por casa”, aceptándote con tus cualidades y defectos y tratando de mejorar en torno a los últimos. A tales efectos, una de las herramientas más útiles para vivir en paz y armonia con los demás, es la humildad. Sobre la humildad y la contraria arrogancia, hablamos a continuación.

Por definición, humildad es un valor moral que se muestra con la actitud de quien no presume, reconoce sus fracasos y no es soberbio. De otra parte, la arrogancia se trata de un defecto de carácter a través del cual una persona se muestra altanera y prepotente ante los demás, tal cual si creyera que es superior en algunos aspectos y que merece atención y privilegios especiales. La realidad es que cada persona debe alegrarse de sus logros y sentir satisfacción por ellos. Lo que está mal es utilizarlos como estandarte para creerse mejor que otros y peor aún, humillar a otros. Lo curioso de esta contraposición es que para los estudiiosos y conocedores de la conducta humana, las personas que se proyectan arrogantes, realmente son personas con autoestima baja, que acuden a este comportamiento para protegerse e impedir que otros sobresalgan. Tristemente, si no de forma inmediata, eventualmente son identificados como personas desagradables que terminan siendo rechazadas, a pesar de que efectivamente tengan méritos.

Luego de conocer una y otra forma de comportamiento humano, indudablemente que debemos aspirar a ser humildes, algo con lo cual conseguiremos paz y armonía, con nosotros mismos y con nuestro entorno.

Para ser humilde es necesario entender que cada cual tiene talentos, cualidades y triunfos, cuya mejor utilidad es que sirvan para el bien común. De otra parte, cada cual debe identificar sus defectos, no para torturarse y menospreciarse, si no para intentar superarlos, cada día ser mejor persona y contribuir a una mejor convivencia.

La mayor dificultad que tenemos los seres humanos para lograr ser humildes parte de que vivimos sometidos a la opinión de los demás, a querer destacarnos, no para satisfacción propia o para vivir  mejor, si no por el afán de competencia. Es difícil, además, ser humilde cuando permitimos que importe más lo superficial y aparente, que lo real y profundo. Por eso, no es humilde, quien a pesar de no alardear, vive pendiente a los triunfos y fracasos ajenos; juzga; critica y no acepta correcciones, ni equivocaciones. Con ello en perspectiva, debemos esmerarnos en disfrutar de las cosas sencillas de la vida y en controlar mente y verbo para no perder el tiempo en glorificar lo que termina siendo pasajero y/o puede cambiar en un abrir y cerrar de ojos.

Una manera de desarrollar la humildad es mantenerse expuesto al aprendizaje y cultivar el intelecto.  Mediante este ejercicio se descubre que nunca se sabe todo y que, aun en la información que cada cual domina, siempre hay avances y cambios. Desde esa perspectiva, tampoco tiene derecho el intelectual a ser soberbio.

Al final, es muy probable que luego de conocer los detalles descritos, reconozcamos la necesidad de reforzar el valor de la humildad. Como hemos mencionado anteriormente, los valores morales existen para ayudarnos a convertirnos en mejores personas. Esmerarnos en conquistar esa meta depende de cada uno. Lograrlo requiere de mucho esfuerzo porque la mayoría de las personas está aturdida con demasiadas presiones sociales.

Una vez más, presentamos frases de sabiduría en torno a valores morales, en este caso, sobre la humildad:

“Bienaventurados los humildes, pues ellos heredarán la tierra”. Jesús de Nazaret (Bienaventuranzas, Mateo 5:3-12).

“El secreto de la sabiduría, del poder y del conocimiento es la humildad”. Ernest Hemingway.

“Uno debe ser tan humilde como el polvo para poder descubrir la verdad”. Mahatma Gandhi.

“Alguno se estima atrevido, cuando con otros se compara. Algunos creo que hubo tan discretos que no acertaron a compararse sino a sí mismos”. Cervantes.

“Para ser humilde se necesita grandeza”. Ernesto Sábato.

“La verdadera humildad consiste en estar satisfecho”. Henry F. Amiel

“Un hombre debe ser lo suficientemente grande como para admitir sus errores, lo suficientemente inteligente como para aprovecharlos y lo suficientemente fuerte para corregirlos”. John Maxwell

“La humildad consiste en callar nuestras virtudes y permitirle a los demás descubrirlas”. Anónimo.

“La grandeza no consiste en una posición destacada, la grandeza pertenece al que rechaza esa posición”. Khalil Gibrán.

“Sé humilde cuando subas para que sean indulgentes contigo cuando bajes”. Anónimo.

“Cuando somos grandes en humildad, estamos más cerca de lo grande”. Tagore

“Dios enriquece el alma de quien se despoja de todo”. Padre Pio de Pietralcina.

“Cuanto más alto estemos situados, más humildes debemos ser”. Cicerón

“Cuando viene la soberbia, viene también la deshonra; más con los humildes está la sabiduría”. Proverbios. 11:2

 


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