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El “lujo” de tener luz

Editorial

Mas allá de los placeres, algunas personas en nuestro país hemos llegado a pensar que el servicio de energía eléctrica es un lujo, del cual somos privados con una frecuencia alarmante que perjudica nuestras vidas y nuestra economía. Ni hablar de la realidad a la que se expone todo el pueblo cuando un desastre natural es el que nos lleva a una oscuridad que se prolonga, complicando la recuperación y hasta propiciando pérdidas humanas que pudieron sobrevivir al desastre natural.

La luz es tan importante que el libro del Génesis, en las Sagradas Escrituras, narra que Dios lo primero que creó fue la luz, en el primero de siete días. A partir de ello, podríamos inferir que la luz es primordial para que todo lo demás exista.

Para aquellos que parecen querernos convencer de que necesitamos tener paciencia cuando somos privados del servicio que pagamos tan caro, quizás hace falta recordar todos los usos que le damos a la luz, desde la natural que nos llega del sol, hasta la suplida mediante algún combustible:

  • Básicamente – La luz del sol es necesaria para generar el calor que el cuerpo humano necesita y sintetiza la vitamina D, tan necesaria para la protección de todo el organismo. La vegetación y la importante agricultura necesitan de la luz para pasar por su proceso de vida que resulta en alimento para los animales y para nosotros. Y, en estos momentos, mediante el uso de las placas solares se utiliza para capturar energía que puede utilizarse para energizar hogares e industrias, entre otros.
  • La energía eléctrica que llega a través del servicio público y en algunos países de forma privada, es necesaria para energizar adecuadamente  hospitales, centros educativos, oficinas públicas, centros comerciales, lugares recreativos y de entretenimiento y las comunicaciones en todos los sentidos, incluyendo telefonía, el internet y los medios de comunicación, entre otros. El mejor ejemplo sobre el impacto de no tener luz se da en los hospitales, donde se convierte en un asunto “de vida o muerte”. En este momento, en Europa y en otros lugares que han dependido del gas ruso, están sumamente preocupados por los efectos de la guerra que originó la invasión rusa a Ucrania. Y, es que no tendrán disponible el suplido del combustible de este país durante el invierno que se avecina, indispensable para infinidad de cosas, incluyendo servicio de calefacción.
  • En los hogares, necesitamos la energía eléctrica para hacer funcionar la nevera, los abanicos y a/c; las estufas; calefacción; lavadoras y secadoras; equipo médico, incluyendo respiratorio y en algunos casos de alimentación; enseres eléctricos; cargadores de baterías; servicio de internet y equipos para filtrar agua, etc., etc., etc.  Tomemos en cuenta que los apagones selectivos y los bajones de luz, no los resistimos los humanos, pero tampoco los equipos antes mencionados… ¡y lo que cuestan!
  • En la industria privada y, de hecho, entre el sector público, la dependencia de la luz es total. Además, impacta de otra forma: se requiere energía hasta para poder mover el bombeo del agua. En el sector industrial la necesidad es constante y amplia y no disponer de luz representa un impacto fatal para sus operaciones.
  • De igual forma, el comercio local y el turismo sufren dramáticamente, no solo por la pérdida en ventas, si no porque en casos como los supermercados, restaurantes y farmacias, se daña mercancía que hay que desechar. Igualmente se encarece manejar toda la sinergia de distribución de alimentos y provisiones por no poder ser puestos en el punto de venta que carece de luz.

Los constantes reclamos a las aseguradoras por pérdidas como las descritas, han encarecido a su vez los seguros y puesto en precario algunas aseguradoras. Además, cada vez son más altos los deducibles y menos lo que es posible recuperar.

En Puerto Rico llevamos ya años lamentando la ineficiencia de nuestro sistema energético que, además, pagamos a unos costos que rayan en lo absurdo. Peor aún, paralelo a esos altos costos, los que pueden, pagan de forma independiente por alternativas como las placas solares o los generadores eléctricos que, a su vez, requieren gastos por mantenimiento y operación. Si sacamos números, estamos pagando más por este servicio y la falta de eficiencia de éste, gran parte del dinero que necesitamos para cubrir otras necesidades como pueden ser alimentación, gastos médicos, vivienda y transportación, por mencionar algunos.

Es trágico que traten de persuadirnos para aceptar que la ineficiencia del servicio es normal y que nos pidan seguir pacientes cuando se trata de un problema que crearon los gobiernos mientras endeudaban esta agencia pública para hacer “remiendos políticos”. Encima, los mismos “gestores” han creado una burocracia que no permite lograr nada a corto plazo. Mientras, como  último sopetazo,  han privatizado parte de las operaciones y nos han dejado “a merced” de una empresa que está para ganar dinero de donde no es posible, a menos que sigan aumentando sus tarifas. Peor aún, seguimos con el mismo mal servicio, que en la práctica muestra ser peor, y cada vez más caro.

Al final, nos llevan por el camino de la amargura, de apagón en apagón, de desastre en desastre. Tenemos que salir adelante y para lograrlo es indispensable crear un servicio de energía eficiente, venga de donde venga, siempre que no afecte el ambiente.

Teníamos que decirlo, porque la luz no es un lujo… es una necesidad de vida para todos y para todo, más allá de los placeres…


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