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Seguimos “enamorados” de Ricardo Montaner

El Coliseo de Puerto Rico fue el marcó de un nuevo capítulo que confirmó la maravillosa relación del cantautor Ricardo Montaner con los puertorriqueños, que siempre hemos aplaudido sus inigualables temas románticos, su alegría, su simpatía y ese don de gente que tanto valoramos.

Como parte del público fuimos testigos, a su vez, del reconocimiento del artista cuando con emoción expresaba un “Te quiero muchísimo Puerto Rico”. Mejor aún, fuimos parte del coro de voces que junto a él, su fantástica orquesta y las coristas que le acompañaban, que cantaba cada una de las canciones que interpretó con su magnífica voz que sigue estando tan melodiosa y con buen alcance como siempre.

Montaner mantuvo la alegria y la energía encendida contagiosa durante toda la noche. Suministrada.

Desde los primeros acordes, miles de personas acompañaron canciones que forman parte de la memoria musical de varias generaciones. “Tan Enamorados”, “Me Va a Extrañar”, “La Cima del Cielo”, “Déjame Llorar” y “Bésame” fueron cantadas de principio a fin por un público que no acudió solamente a escuchar un repertorio, sino a reencontrarse con una parte de su propia historia.

“Quiero que sepan que todas estas canciones las tengo en mi corazón”, expresó Montaner desde el escenario. La respuesta del Coliseo hizo evidente que esas canciones también pertenecen desde hace mucho tiempo a Puerto Rico.

“El Último Regreso”, nombre con el que se identificó esta gira,  recorre más de cuatro décadas de una trayectoria que ha dejado algunas de las canciones más reconocidas de la música en español. Pero las dos presentaciones en San Juan demostraron algo que va más allá de la permanencia de un repertorio: la capacidad de esas canciones para seguir encontrando nuevas generaciones sin perder a quienes las hicieron suyas desde el comienzo. Prueba de lo anterior era ver el magnífico balance que había entre un público compuesto por jôvenes que se sabían todas las canciones, y de parejas de diferentes generaciones muy animados de principio a fin.

Uno de los momentos de mayor intensidad fue cuando interpretó la animadísima canción “Vamos Pa’ La Conga” en la que los asistentes se levantaron a bailar. Asimismo, el medley de “No Me Entregues Tu Amor”, “Corazón Fracturado”, “Necesito de Ti” y “La Chica del Ascensor”,volvió a transformar el Coliseo en un coro multitudinario.

Más allá del espectáculo, antes de interpretar “La Gloria de Dios”, uno de sus éxitos mas recientes, Montaner se refirió a los terremotos ocurridos en Colombia y Venezuela y manifestó su solidaridad con las comunidades afectadas. Las pantallas mostraron un código QR destinado a canalizar donaciones, convirtiendo ese momento del concierto en un llamado concreto a la solidaridad.

El público acompañó al cantante en cada interpretación. Suministrada.

Cabe destacar que la relación de Ricardo Montaner con Puerto Rico no comenzó con estas dos noches pues aquí, el artista protagonizó récords de asistencia en el Centro de Bellas Artes y escribió algunos de los capítulos más singulares de su carrera.

Entre ellos está EL SUCESO, como fue bautizada aquella jornada extraordinaria en la que Montaner ofreció tres conciertos en un mismo día, en tres ciudades diferentes de Puerto Rico, algo que ocurrió en dos oportunidades, convirtiéndolo en uno de esos acontecimientos que ayudan a explicar por qué su relación con Puerto Rico trasciende ampliamente una gira, un concierto o una época.

Décadas después, las dos noches de “El Último Regreso” en el Coliseo de Puerto Rico vuelven a sumarse a esa historia compartida.

“Quiero darles las gracias por acompañarme. Quiero que sepan que Puerto Rico tiene para mí un lugar muy especial en el corazón”, dijo Montaner durante el concierto.

Las dos presentaciones en el Coliseo cerraron la etapa de “El Último Regreso” por Estados Unidos. La gira continuará ahora en Altos de Chavón, República Dominicana, antes de cruzar el Atlántico hacia Europa, donde ya tiene varias fechas agotadas, y posteriormente continuar por distintos países de Latinoamérica.

Pero San Juan no fue elegido simplemente como el último punto de una etapa del calendario: Puerto Rico fue el lugar donde debía terminar este capítulo. Y, es que después de décadas de canciones, récords, conciertos y encuentros, estas dos noches en el Coliseo dejaron una imagen difícil de reducir a una cifra o a una frase promocional: miles de personas, de distintas generaciones, cantando las mismas canciones junto al artista que las escribió y las convirtió en parte de sus vidas.

Y quizá por eso “El Último Regreso” adquiere aquí un significado especial: no se trató solamente de volver a un escenario.

Se trató de volver a una historia que nunca se interrumpió.


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