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Las “Malas Rachas”

Por: Ivelisse Agostini

Si algún consejo repiten los estudiosos de la conducta humana, es que hay que enfrentar cada situación que la vida nos presenta de forma sosegada y positiva. Esto aplica tanto ante eventos con buenas noticias, pero especialmente cuando la situación es de disgusto o dolor.  Sin embargo, hay ocasiones en que surgen etapas de la vida en que uno tras otro se suceden eventos desafortunados que causan mucho sufrimiento e inestabilidad y que, en muchos casos, terminan minando la capacidad de mantener una actitud correcta y hasta pueden desembocar en un trastorno emocional. En el “argot popular” llamamos a esas etapas, “malas rachas” y el término es popular porque ¿quién no las ha vivido? Y, es que de las “malas rachas” nadie se salva. De hecho, hasta nuestro planeta parece estar pasando su “rachita”. Lamentablemente, muchas de las situaciones que vivimos son producto de malas decisiones, pero hay ocasiones en que somos engañados o manipulados y otras en que simplemente nos toca vivirlas, como los accidentes y algunas enfermedades.

Una “mala racha” puede incluir: enfermedades personales o de un ser querido; disgusto en el lugar de trabajo o pérdida de empleo; gastos imprevistos o reducción de ingresos por malas decisiones; crisis de pareja, separación o divorcio; muerte de un ser querido; desengaños amorosos o de amistad, etc., etc., etc. El hecho es que cualquier acontecimiento como los mencionados causan un gran impacto emocional que nos deja vulnerables y, cuando luego suceden otros de igual magnitud y hasta de menor, la persona puede llegar a sentirse agobiada y hasta “infeliz”, aunque en sus vidas existan muchos otros motivos para estar agradecidos y hasta contentos.

Hacer ejercicios y esmerarse en tu cuidado personal ayuda. Suministrada.

Y, ¿qué podemos hacer ante una “mala racha”? Comenzamos por recordar un buen dicho en el idioma inglés: “Life is a matter of attitude”, o sea, que la vida se trata de las actitudes que asumimos… una gran verdad. Otra frase consoladora aplicacable es “que nada es eterno” y desde esa perspectiva vivir un día a la vez, alivia el peso durante los malos momentos.

Quienes han analizado este tema coinciden en algunos consejos para sobrellevar una mala racha, entre los que destacan los siguientes:

  • Analiza si lo que te ha sucedido es un hecho aislado y aunque algo semejante te haya sucedido antes, como una decepción amorosa, recuerda que cada situación es diferente y esmérate para que con el tiempo “todo mejore”, especialmente tus pensamientos al respecto.
  • No te tortures anticipando las posibles consecuencias de cada mal momento que te suceda, ni compares tu experiencia con la de nadie, ni permitas que personas a tu alrededor influyan en la toma de TUS decisiones. Y, es que la opinión de la familia o de los mejores amigos nunca va a ser imparcial y ante una equivocación valorativa eres tú quien tendrá que enfrentar las consecuencias.
  • Aunque tengas parte de la responsabilidad en lo que sucede, no es momento de sentirte culpable ni de culpar a nadie, si no de buscar soluciones y hacer los cambios necesarios para seguir adelante. Lo peor que puedes hacer es victimizarte y no hacer nada. ¡No te paralices alimentando la posibilidad de un trauma y distráete como mejor puedas!
  • Hay que mirar el vaso siempre medio lleno porque créeme, siempre hay alternativas y oportunidades, para dejar a un lado lo que te causa dolor. Levántate y acuéstate cada día agradeciendo todo lo bueno que existe en tu vida, TODO.
  • Ante situaciones de enfermedad personal o de un ser querido haz todo lo que esté a tu alcance por conseguir calidad y bienestar en torno a su cuidado; esto te dará paz. Ayuda mucho tener Fe o tener cerca personas que disfruten de esta gracia, pues son capaces de reconocer que todos podemos sufrir, pero siempre hay oportunidad de enfrentar estas situaciones con más calma. Si tienes que cuidar a un enfermo, solicita la ayuda de conocidos, de grupos de voluntarios o de entidades que te alivien la carga.
  • Perder un ser querido siempre produce dolor, pero recordar los buenos momentos, honrar su legado y orar por la persona, permitirá que sanes y de igual forma ayudará a esa alma a trascender.
  • Cuando tengas más de un frente de lucha, organízate, busca ayuda, saca tiempo para ti y participa en actividades que te agraden, incluso explora alternativas que no hayas practicado antes, que no tengan relación con nada de lo que te preocupa.
  • Mantén tu entorno limpio, bien ambientado, con acceso a música, aromas y elementos que te relajen y te hagan sentir feliz.
  • Lleva una buena dieta, has ejercicios, mantén buena higiene y esmérate en tu cuidado personal. Lo peor del mundo es que encima luzcas mal, no por otros, si no por ti misma(o).
  • Concentra tu energía productiva en planificar y terminar un proyecto a la vez. Resulta muy estimulante ver los resultados de lo que hacemos.
  • Aprecia tu soledad y aprovéchala para meditar y orar.
  • Rodéate de personas con quienes compartas gustos sanos y evita ser repetitiva(o) en tus conversaciones y mucho menos trates de insistir en que te persiguen las desgracias porque te arriesgas a que lo crean y se alejen.
  • Por último, no trates de solucionarlo todo, ni presionar a otros a que lo hagan, los grandes problemas pueden tardar en solucionarse, especialmente porque involucran a varias personas. La ciencia está en esperar, con PA(Z)-CIENCIA.

A nivel personal, difiero de quienes piensan que la secuencia de momentos difíciles sean el producto de lá mala suerte; mas bien creo que se toman malas decisiones o que simplemente nos toca vivir experiencias que, bien asumidas pueden hacernos crecer.  Ciertamente, he vivido “malas rachas”, muchas veces con situaciones de dolor en las que se han juntado las mías con las de seres queridos. En ocasiones el nivel de intensidad ha sido tal, que yo misma me he preguntado cómo he seguido adelante.  La respuesta no tarda, y es que mi gran consuelo, mi fortaleza y mi esperanza, se basan en la Fe que tengo en Dios Padre Todopoderoso y en las promesas de nuestro Señor Jesucristo. Y, en que mi comunicación con Él es en todo tiempo y lugar, en las alegrías y en las penas. Por eso,  “aunque camine por caminos inciertos, nada temeré, porque Dios está conmigo”… 


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