Los talentos y las etapas de la vida
Por: Ivelisse Agostini
Estamos a días de que muchos jóvenes se gradúen de escuela superior y deban evaluar, dentro de lo mejor que les permita su madurez, qué van a estudiar para encaminar su futuro laboral. Siempre ha sido un tema complicado y de hecho, las estadísticas hablan de que muchos terminan trabajando en algo que no estudiaron, sea porque no hay ofertas, o porque descubren que no les gusta la práctica.
Por eso, me parece que unas “gotitas del saber” pueden servir a aquellos que desean una vida con propósito, para lo cual es necesario reconocer las herramientas que cada cual trajo consigo para lograrlo. Y, es que cada uno de nosotros nace con talentos que de alguna manera nos abren puertas y nos pueden facilitar la vida.
En palabras sencillas, cuando se habla de talentos, se trata de la capacidad, habilidad o aptitud natural que tiene una persona para desarrollar alguna actividad con facilidad. En el mundo ideal, cada persona identifica sus talentos y los “cultiva”, de tal manera que rindan frutos, tal como advierte la Parábola de los Talentos, en Mateo 25: 14-30. Curiosamente, en este pasaje del Evangelio, los “talentos” son monedas que un amo reparte entre sus siervos antes de irse de viaje, dando a cada uno diferente cantidad, pero al que menos da, le entrega uno. No deja a nadie desprovisto.
Desde la premisa literal de la parábola, podríamos pensar que los talentos van dirigidos a facilitarnos la posibilidad de obtener solamente algún beneficio material. Evidentemente, esa provisión es necesaria para lograr nuestro sustento. Sin embargo, como en toda parábola, Jesucristo utiliza un ejemplo, en este caso para hacernos entender que cada uno de nosotros llega a este mundo con habilidades que nos pueden facilitar la vida, pero que somos responsables de desarrollarlas y utilizarlas para nuestro bien y el de otras personas, tanto desde la perspectiva material, como de la espiritual. En la parábola, el amo, que representa a Dios, regresa y pregunta a cada siervo qué hizo con la cantidad de talentos que les dejó. Los que habían recibido cinco y dos respectivamente, habían negociado y doblado la cantidad, pero el que solo había recibido uno, por miedo, lo que hizo fue ocultarlo en la tierra para “no perderlo”. El amo agradece y recompensa a los primeros, pero al que no lo utiliza le quita su talento y lo castiga. Que no se nos escape entender que debemos dar en proporción a lo que recibimos.
Ahora bien, vale la pena que cada joven analice qué hay en su “equipaje”, o sea, en esa maleta de talentos con la que llegó al mundo, qué frutos ha logrado y qué ha hecho para el beneficio de otros. Ese análisis lo debemos hacer todos, sin importar en qué etapa de la vida nos encontremos, pues debe abrir una amplia ventana por la cual descubrir que tenemos mucho para ofrecer y que la vida no se trata solo de recibir o pedir. De hecho, podemos descubrir cosas que no hemos explorado hacer por miedo, por egoísmo, por “falta de tiempo” o por vagancia. Mira tu entorno y fíjate que muchos de los que han logrado verdadero éxito, ese que se disfruta, ha sido porque han utilizado sus talentos, más allá de su profesión o caudal.
Al final, recuerden a los jóvenes graduandos que solo quienes trabajan con sus “herramientas” para lograr obras que trasciendan su beneficio personal, con frutos que alimenten cuerpo y espíritu, serán premiados, por encima de todo reconocimiento humano. ¿Utópico? Mira alrededor con la mente puesta en personas que han cultivado sus talentos y verás que no lo es.
NOTA: Si te cuesta trabajo identificar tus talentos, a continuación ofrecemos un enlace que encontramos navegando en la Internet con un listado bastante amplio.
https://institutoneurocoaching.com/wp-content/uploads/2018/07/LISTADO-DE-TALENTOS.pdf


