...humanitarios

Porqué preferimos Creer

Por: Ivelisse Agostini

Entre la infinidad de vertientes filosóficas relacionadas con la mente y el espíritu, se ha puesto muy de moda autodenominarse agnóstico. Se trata de un término al que se acogen aquellos que “no afirman la existencia o inexistencia de Dios mientras no sean demostrables”, algo muy relacionado con los tiempos de relativismo que vivimos, donde se promueve que todo punto de vista es válido, que nada es enteramente bueno ni enteramente malo. Entre los más “radicales”, algunos se declaran ateos, afirmación que implica que no creen en nada divino, empezando por no creer en la existencia de un Dios.

Como católica que se esfuerza en seguir y practicar las enseñanzas de Jesucristo, respeto a quienes pueden pensar distinto, pero igualmente se esmeran en ser buenas personas y en hacer el bien en favor de otros. De otra parte, me cuesta entender que no se acepte la existencia de una divinidad creadora a quien rendir respeto, honor y gloria, una ausencia que puede provocar falta de esperanza y algo de amargura.

Ser cristiano no es tan solo un concepto religioso, sino una forma de vida en la cual deben estar integrados los valores y ser practicados de forma constante, hasta cuando “no nos ven”. Sobre cuan difícil seria seguirle nos advirtió el mismo Jesucristo antes de despedirse de los Apóstoles, cuando anticipó que ante las situaciones a las que nos veríamos expuestos, Él enviaría al Espíritu Santo consolador, porque su promesa de salvación no nos libraría de infinidad de pruebas, pero que, con su ayuda podríamos resistirlas y hasta superarlas. También nos advirtió que llegarían tiempos en que veríamos falsos profetas; tiempos de divisiones; de herejías; de aceptar lo que está mal por bueno; de engaño, egoísmo y confusión, que nos alejarían de la Verdad. Y, es que, el “libre albedrío” que nos fue otorgado, aunque en principio es un regalo, ha sido blanco de ataques constantes al hombre que ha tomado malas decisiones y provocado las terribles situaciones que hoy vive la humanidad.

Aunque “la salvación es individual” y tiene que surgir de un deseo personal, vale la pena que ayudemos a otros a que se interesen en lograrla. Por eso, teniendo la oportunidad de llegar a algunos a través de este foro, es preciso aprovecharla para invitar a los no creyentes a que reflexionen sobre la posición asumida. Para ello, es necesario y recomendable repasar las enseñanzas de Jesús, que para mí, es el Hijo de Dios, para otros, un gran profeta, pero sobre cualquier nombre, un modelo a seguir si aspiramos a vivir en paz nuestra libertad. Su vida, narrada en los Evangelios, así como la de los primeros cristianos que describen los demás libros del Nuevo Testamento, abren nuestros ojos para entender por qué no hace falta ver para creer, algo que coincide con lo que define a los agnósticos y que, además, hay promesa de un Reino de los Cielos, al que podemos aspirar.

La Cuaresma es un periodo de conversión que nos da la oportunidad de acercarnos a Dios y pedirle que nos conceda el don del discernimiento para tomar sabias decisiones. Es idóneo para recordar la humildad de Jesucristo y deshacernos de la arrogancia de aparentar que lo sabemos todo, cuando decimos no creer en nada. Bajo esa misma premisa, es incongruente que no creyendo, se pida a otros que oren por una causa cuando les abate el dolor y la desesperación. La humildad es indispensable si queremos transformarnos en mejores personas, si queremos acercarnos a Dios, de forma directa. De esta forma, podemos participar de la llamada Comunión de los Santos, que es orar entre creyentes, aunque también por los que no crean, porque todos somos creación de Dios. Cuaresma es, además, el momento perfecto para crear conciencia sobre el grave error que es atreverse a juzgar a los demás, algo que compete a Dios Padre.

Al final, este reportaje solo pretende invitar a todos a que, durante este tiempo en que abunda la confusión, reflexionemos que de nada vale pasar por los calvarios que a veces creemos vivir, si no existe la salvación de ese alma que trasciende aunque el cuerpo muera. Que no resulta fácil, ya lo dije, pero aceptando la Fe en Dios que Jesucristo enseñó y vivió en carne propia, es posible. Mejor aun, la Fe nos brinda esperanza de ser favorecidos con la misericordia y la justicia divina, esa que sigue existiendo a pesar de que algunos prefieran adjudicarle a Dios, los errores y desastres provocados por el hombre. Y, es que para todo el que cree existe el consuelo y la esperanza que brinda la Fe porque “…aunque pase por caminos de muerte, no temeré, porque Dios está conmigo”.


Comments are closed.

Back to Top ↑