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Promovamos el amor sobre el interés

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El tema que nos ocupa es el de identificar cuánto pesa en nuestra vida el amor vs. el interés que ofrecemos en nuestro entorno. De ahí que recordemos aquello de que “el amor y el interés se fueron al campo un día y pudo más el interés que el amor que le tenía”. No debe ser difícil entender que este refrán apuesta a que en muchas ocasiones dominan nuestros intereses personales sobre el amor.

Desde que son niños, hay que enseñarles el valor de dar y recibir amor. CCO Creative Commons

La realidad detrás de los refranes y proverbios es que encierran sabiduría y por ello, no pierden vigencia, particularmente aquellos que se refieren a relaciones humanas. Cada cual puede extender su interpretación en infinidad de direcciones, pero en este caso nos “interesa” que cada uno haga alguna introspección sobre el tiempo que dedica o cuanto está dispuesto a dar de sí para aquellas cosas que sean una muestra de amor vs. para aquellas que nos rinden algún beneficio. Llevado a relaciones específicas, cuántas personas se quedan esperando por nosotros sin que les prestemos atención, mientras dedicamos tiempo (a veces inútil) a quienes entendemos pueden ofrecernos algún fruto material o social. Y, la pregunta es ¿Vale la pena? ¿Nos resulta agradable? ¿El resultado realmente ofrece un impacto a largo plazo en nuestra vida?

Con el paso de los años, los seres pensantes asertivos desarrollan la habilidad de mirar “desde afuera”, sin emoción, para observar la conducta de las personas a su alrededor. Los escenarios varían: la oficina u otro lugar de empleo; las actividades sociales; el entorno religioso y político; la familia y los amigos. Con tristeza se puede ver magnificado cómo la gente hasta se humilla detrás del reconocimiento de alguien que cree necesitar; cómo algunos que se creen superiores en un momento dado (aclaro, en un momento dado, porque la vida da muchas vueltas), a veces sin darse cuenta, ignoran a otros que realmente les aprecian porque, en apariencia, no les ofrecen “más que” amor, consideración y respeto… casi nada.

Lo anterior no es ni siquiera una crítica, se trata de una observación sobre algo cada vez más frecuente en un mundo en el que todo se “mercadea”, desde la imagen personal, hasta el más sencillo recurso. El asunto es que una cosa te lleva a la otra y puedes terminar no teniendo realmente nada valioso en tu vida. En otras palabras, llegado un punto, si todo lo que te mueve es el interés de lo que puedes obtener de otros, terminas sin los recursos realmente valiosos: el amor, la consideración y el respeto. Peor aún todo el entorno se contamina y se sigue expandiendo, más allá de lo personal, a lo público y, como muestra, solo basta echar una mirada a lo que pasa en la política, donde la corrupción es rampante, tanto a nivel local, como internacional

De esto del interés no se libró ni Jesús de Nazaret, quien luego del milagro de la multiplicación de los panes, era seguido por muchas más personas, de las cuales algunas solo lo hacían por interés a ser alimentados. Curiosamente, en este caso, a El sí le interesaba lo siguiesen para alimentar sus almas.

Al final, la madurez debe aportar para que busquemos equilibrio en todos los roles que nos toca desempeñar. Inevitablemente, si somos seres espontáneos y nos resulta fácil expresar el cariño y la admiración hacia otros, no debemos cohibirnos. Debemos recordar, sin embargo, que esto no puede suceder solo con quienes tenemos algún interés. Ya es hora de que solo sea el amor el que se “vaya al campo un día”.


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