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La urgencia de ser bondadosos

Por: Ivelisse Agostini
iagostini@placerespr.com
 

Éramos más jóvenes cuando abundaban las publicaciones, casi de continuo, de fabulosas novelas de autores españoles y latinoamericanos, incluyendo puertorriqueños, llenas de imágenes que requerían análisis para entender el verdadero sentido que el autor quería proyectar (realismo mágico). De lo complicado que disfrutaba entonces de esa lectura, alternaba con algo liviano y me encantaban las novelas románticas sanas y los libros de auto-ayuda, que comenzaban a ser tendencia en la época. Aunque no la he terminado, pues me faltan libros del Antiguo Testamento, también leía la Biblia.

Todos podemos ser bondadosos. Suministrada.

El hecho es que me fascina leer, pero con el paso del tiempo, mi selección ha ido dejando atrás casi todos los temas mencionados, quedándome con los que se refieren a la conducta humana, pero sobre todo, lecturas que cultivan la Fe desde el aspecto espiritual y de la religión que profeso. Hablo de esa Fe “que sobrepasa todo entendimiento”, que “mueve montañas” y que para quienes la cultivan, es la mejor herramienta para lograr el pensamiento positivo que otros buscan a través de otros canales y sí, una Fe que me ha permitido vivir algún milagro.

Desde esa premisa y porque tenemos canal de YouTube para la revista, el mundo digital se hizo muy cercano y los “cookies” se han encargado de seguir mis preferencias de lectura. El caso es que se me han presentado videos que “hablan”, desde diferentes vertientes, sobre la necesidad de estar preparados porque, alegadamente, se acercan momentos de cambio para la humanidad.

Algunos creen encontrar un ángel cuando otros son buenos con ellos. Suministrada.

No puedo evitar recordar que en mis años de juventud fueron los cristianos evangélicos los que comenzaron a decir que el regreso que Cristo prometió, estaba cerca. Hoy lo hacen todavía, basado en señales “evidentes” que coinciden con profecías bíblicas. Más reciente, hemos visto como un creciente grupo de católicos que siguen  las apariciones Marianas, promueven la coincidencia de los mensajes que reciben de María Madre algunos videntes, con los mismos pasajes bíblicos. Para no dejar de ser interesante, muchos agnósticos que cultivan vertientes desde un tono más mentalista y/o energético, están esperando una transformación que moverá la humanidad “hacia una nueva dimensión”, la cuarta, coincidente con la llegada de “la era de Acuario”. Entre unos y otros, podemos añadir incluso otras religiones, que anticipan que habrán fenómenos naturales, enfermedades y conflictos bélicos que afectarán a toda la humanidad. En lo que difieren es en cómo y cuándo se sucederán los “hechos” y qué ocurrirá después.

Sin embargo, en todos los casos, en todos, se habla de que para alcanzar la salvación, el hombre tiene que lograr una transformación donde mente y espíritu estén orientados a hacer y practicar el bien. Hablamos de que tenemos que cultivar la bondad, uno de los diecinueve valores morales que algunos solo identifican con personas excepcionales, como las únicas que lo practican. Aunque hay algo de verdad, todos tenemos la oportunidad de ser mejores personas a partir de cultivar las enseñanzas de Jesucristo, a quien hasta los no creyentes reconocen como un gran profeta, pero para nosotros los cristianos, es el Mesías que habrá de regresar como prometió (“nadie sabe el día ni la hora”).

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Tender la mano a quien necesita, aún sin que te lo haya solicitado, es un acto de bondad. Suministrada.

Todos podemos practicar la bondad, o sea, hacer el bien de forma generosa y firme, sin afán de protagonismo. Para ser bueno corresponde que respetemos a nuestros semejantes y los ayudemos en momentos de necesidad, no solo material, sino emocional y hasta espiritual (a través de la oración). Una persona buena NO juzga y se esmera en portarse bien, en ser feliz y hacer feliz. De hecho, una persona buena, en la mayoría de los casos, se percibe como amorosa aunque no sea expresiva, porque lo demuestra con sus obras. Una persona buena no muestra indiferencia ante la necesidad y el dolor, sino que ayuda “haciendo el bien sin mirar a quien”.

La práctica de la bondad como valor moral y humano se ve empañada cuando permitismo que nos controlen el materialismo, el afán de éxito, de riqueza y poder y la competitividad que, en sus extremos, promueven el egoísmo y la avaricia. La bondad pasa a un segundo plano también por el relativismo de quienes no asumen posiciones en torno a lo que es correcto y por los que pretenden justificar la falta de compasión y solidaridad con mil excusas.

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El valor de la bondad debe enseñársele a los niños en el hogar y asegurar que se refuerce en la escuela. Suministrada.

El valor de la bondad se debe enseñar a nuestros niños, dentro del círculo familiar y la mejor manera para hacerlo es con el ejemplo. Éste debe promoverse enseñándoles a respetar, cuidar y ayudar a sus hermanos y a sus padres; a cuidar de sus mascotas y estimulándolos a hacer buenas obras de forma habitual en favor de los necesitados. También es importante enseñarles que la bondad es un valor que hay que defender, al punto de que es lo que va a evitar que un día puedan sostenerse y ser firmes a la hora de no dejarse influenciar para hacer daño a otros o para ver como normal actos de maldad. Hay que enseñarles a asumir responsabilidad de sus actos, porque no hacerlo representará que se cometan injusticias. Tenemos que aprender y enseñar que ser buenos no puede ser deseo ni  capricho de un día, si no una parte inherente de nuestra vida, si queremos un mundo mejor y tener esperanza de trascender. Y, cada uno es responsable de lo suyo, cada cual tiene que hacer su parte.

Es importante distinguir que ser bueno o bondadoso no significa ser “tonto”, ni convertirse en víctima del que no lo es. Todo lo contrario, quien es bondadoso tiene que sentirse orgulloso y  mostrarse firme para darse a respetar, sin ofender y sin agendas escondidas. Ser bueno no significa renunciar a que otros lo sean contigo, a que te respeten y te consideren. Ser bueno te permitirá perdonar, pero no a someterte para volver a ser víctima de quien te ha herido o maltratado.

Al final, la bondad no es un “status”, ni una apariencia, porque en sí misma, se trata de actitudes y obras que emanan del interior para actuar y hacer obras, que inevitablemente tienen como resultado, que te sientas siempre mejor.

Aunque, como dijimos en principio, la bondad pareciera que algunos pretenden adjudicarla a sólo unos pocos,  se ha reconocido que ser buenos no solo es posible si no importante para la humanidad.

Por lo anterior, a continuación te regalamos algunas sabias frases que engrandecen este valor moral y nos animan a practicarlo:

“El único símbolo de superioridad que conozco, es la bondad”. – Beethoven

“No todos los hombres pueden ser grandes, pero pueden ser buenos”. – Confucio

“Sólo hay una manera de poner término al mal, y es el devolver bien por mal”. – Tolstoi

“Quien lleva en sí el germen de la virtud, hará siempre el bien, sea que obre, sea que hable, sea que escriba” – José M. Marroquín

“Benevolencia no quiere decir tolerancia de lo ruin, o conformidad con lo inepto, sino voluntad de bien” – Antonio Machado

“Suavizar las penas de los otros es olvidar las propias” – Abraham Lincoln

“La bondad es la cadena de oro que enlaza a la sociedad”. Goethe

“Si ayudo a una sola persona a tener esperanza, no habré vivido en vano” – Martin Luther King

“Bueno es dar cuando nos piden; pero mejor es dar sin que nos pidan, como buenos entendedores” – Khalil Gibran

“No hacer el bien ya es un mal muy grande” – J. J. Rousseau

Gran parte de la bondad consiste en querer ser bueno” – Séneca

“La Tierra tiene lo suficiente para satisfacer las necesidades de todos, pero no las ambiciones de unos cuantos” – Mahatma Gandhi

“Hay más dicha en dar que en recibir” – Jesús de Nazaret

“Este es mi mandamiento: Ámense los unos a los otros, como yo los he amado”. Jesús de Nazaret


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