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El gusto por el vino Albariño

Por: Ivelisse Agostini

Cuando hablamos de vinos blancos, son muchos los que tienen especial predilección por los Albariños, considerados los grandes blancos de España.

En el mes en que se rinde especial homenaje a la Albariño, es importante recordar que se trata de una uva con gran personalidad que, aunque pequeña en tamaño, tiene una alta concentración de azúcar y acidez que permiten producir vinos de gran frescura. De hecho, se dice que marida fácilmente con la mayoría de los platos de la oferta gastronómica internacional.

La Albariño es una uva con cualidades especiales para producir excelentes y versátiles vinos blancos. Suministrada.

En torno a la uva Albariño, por años se teorizó que esta famosa variedad blanca que Galicia y la D.O. Rías Baixas ha exportado con gran éxito al mundo, tuvo su origen en el centro de Europa. Unos aludían a que antiguas civilizaciones como los fenicios, los griegos y los romanos habían sido los responsables. También fue considerada la idea de que la Albariño era una mutación de la Riesling, uva original de Alemania. Algunos, con más sentido, fomentaron la idea de que la uva había llegado a Galicia, a través del Camino de Santiago ya que fueron monjes quienes comenzaron a trabajar con mayor cuidado estas uvas para lograr mejores vinos. Tan bien lo lograron que por un tiempo solo la nobleza podía consumir estos vinos.

Agraciadamente, recientes estudios científicos dan la razón a aquellos viticultores de la región que, de generación en generación, promovieron que la Albariño era una de las uvas autóctonas, que creció silvestre en suelo gallego y fue evolucionando a través del tiempo.

La Denominación de Origen Rías Baixas, que data de la década de los ‘80s y  fue el resultado de una gran evolución del cultivo de la Albariño durante el siglo XX, hoy cuenta con 178 bodegas que elaboran más de mil marcas de vino.

Las Rías Baixas están localizadas en el suroeste de Galicia y cada una de ellas asemeja los dedos de una mano, formados por desembocaduras de diferentes ríos en el mar. Esa ‘inundación’ del mar provee tanto para el cultivo de mariscos, como para que existan viñedos con climas oceánico y continental, con lluvia constante, pero muchos días de sol, entre otros factores. Aunque con suelos pobres y ácidos, donde el granito es piedra angular que a su vez provoca que el suelo retenga poca agua, el factor humano, manipula todo el trabajo, para manejar la erosión y la degradación de los suelos. Por ello, cuando necesario, utilizan conchas como fertilizante para moldear la acidez de los vinos y la parra como sistema de conducción, entre otras técnicas.

Un distintivo de esta región es el sistema de minifundios, producto de la cultura matriarcal gallega, que surge al quedarse la mujer al frente de todo el trabajo en el viñedo en tiempos en que los hombres se iban a otras tierras en busca de oportunidades. La influencia de la madre provocó una repartición justa de los terrenos, entre las familias y sus hijos, de tal forma que en la D.O. Rías Baixas existen sobre 5,500 viticultores, la mayoría con un tope de dos hectáreas de terreno, donde el 95% son cultivos de Albariño y un mínimo de las uvas Loureiro y Treixadura.

Entre las características al catar un Albariño, se encuentran su color, que es usualmente amarillo pajizo, con tonos verdosos o dorados. En nariz y boca, el Albariño es de intensidad media, con la presencia de cítricos, fruta de hueso, flor blanca, y una acidez que lo hace expresivo.

Entre los vinos producidos con la Albariño favoritos en la Isla se encuentra el reconocido Santiago Ruiz, cuyo nombre recuerda a quien se considera “el padre del Albariño” y que distribuye localmente La Bodega de Méndez.

El Santiago Ruiz es un vino de color amarillo brillante y tonos verdosos que muestra una excelente frescura, calidad y consistencia.    Con aromas cítricos y a hojarasca; en boca es redondo, con sabor a pera, manzana verde, lima fresca y un tono tenue de melocotón.

Los buenos Albariños son ideales para compartir con cualquier tipo de aperitivo, pero especialmente como maridaje de frutos de mar crudos como ostras frescas o pulpo en vinagreta, así como con unos sabrosos mejillones, entre otros. Son perfectos para acompañar “Sushi” y aperitivos de influencia asiática como las tartas de salmón y de atún y, por supuesto, una sabrosa paella marinera. Su versatilidad lo lleva igualmente a combinar con quesos cremosos como el Brie y el Camembert o con quesos de origen gallego, como es el queso Tetilla o de cabra fresco.

Se dice, además, que otra virtud de los vinos Albariños, es que tienen oportunidad de consumirse hasta 5 años luego de embotellados, si han sido conservados en posición horizontal y con la temperatura y humedad constantes sugeridas, y protegidos de la luz. Esto se debe a su acidez típica, a la maduración lenta de la uva y a su bajo pH, que lo hacen mejorar en botella con el tiempo. Evidentemente, la forma en que sea elaborado tiene mucho que ver.

Al final, un Albariño siempre es perfecto para cualquier ocasión, especialmente en estos días de calor.

Nota: Las notas antes expresadas son emitidas exclusivamente desde la perspectiva del consumidor, en el interés de dar a conocer los placeres del vino, no como críticos. Este articulo surge de degustaciones e información provista a través de las mismas.  

 


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