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Alarma ante la falta de modales

Por: Myra Sánchez

No hay que nacer en cuna de ricos, para tener  buenos modales, algo que no tiene que ver con la estrata social, ni con raza, ni color de piel, pero sí con saber comportarse, con la discreción y el respeto. En el pasado los padres y los abuelos se aseguraban de la enseñanza de estos valores y no toleraban la vulgaridad, ni ninguna manifestación ofensiva. La regla de oro para la mujer era el decoro y la moda era ser hacendosa. Tan real era esto, que la escuela pública, daba cursos de Economía Doméstica donde, además de artes manuales y cocina, también se impartían todos los temas relacionados a los buenos modales, incluyendo la higiene y el arreglo personal. Evidentemente, esto parece que ya no se estila…

Los tiempos han cambiado tanto que algunos jóvenes ni siquiera saben qué significa decoro, por lo cual busqué su definición en el diccionario que lo describe como: pudor o recato en la apariencia y en el comportamiento de una persona. Y, entonces, me preocupé porque hoy día casi no se habla de pudor y recato… Y seguí buscando, hasta llegar a: decencia, discreción y respeto en la forma de vestir y comportarse.

En la actualidad, son muchos los que se alarman cuando ven los videos y fotografías que protagonizan turistas que muestran no tener ningún decoro ni al vestirse, ni al hablar y no digamos del respeto a las reglas y a la autoridad. Lamentablemente, la falta de buen gusto y modales parece estar de moda, no solo entre quienes nos visitan, sino aquí, allá y hasta en el “más allá”. Desde el aspecto más frivolo, aunque la belleza sea subjetiva, ya nadie parece interesado en disimular los excesos, al contrario gustan de exhibirlos. De igual forma, el sentido de la estética parece haberse perdido y ahora el empeño es llamar la atención a toda costa, con lo cual, no solo se falta al sentido del decoro, sino que también se cae en la vulgaridad. Los medios para lograrlo incluyen todo tipo de artificios, desde colores y estilos en el cabello, las uñas y maquillaje del rostro; la ropa muy ceñida o muy reveladora y cirugías desproporcionadas, entre otras manifestaciones. De otra parte, la discreción y la consideración parecen haber quedado en el olvido cuando cada vez es más frecuente escuchar que se habla en voz alta y utilizando palabras soeces, que la música se escucha de forma ensordecedora, y que no se siguen las reglas, ni el orden, por mencionar algunos ejemplos.

Los tiempos cambian y tiene que haber evolución en lo práctico, pero es preocupante ver cómo cada día se va perdiendo más el sentido de urbanidad, tan necesario para una sana convivencia. Además, hay que destacar que en ausencia de buenos modales y decoro, se incurre en acciones que resultan ofensivas para otros. Ante la realidad de lo que observamos, deberíamos estar alarmados con lo que pueda suceder con nuestros niños y contemplar la implementación de cursos de buenos modales y urbanidad en nuestros curriculos escolares. En eso nos ganan muchos de los hermanos latinoamericanos, entre los cuales hasta los menos educados en el intelecto, tienen buenos modales. Me atrevo apostar que quien sugiera abordar este tema educativo en Puerto Rico, no se verá metido en una controversia, porque todos lo niños lo necesitan y porque en lugar de traumas y rechazo, conseguirán ser bien aceptados. Y, que conste, que la necesidad no se limita al estudiante del sistema público; el problema es de todos.


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