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Negociar salva relaciones

Por: Mayra Sánchez

Hay infinidad de datos históricos y tratados filosóficos que hablan de la dificultad que tiene el ser humano para negociar. Parece como si nuestra naturaleza fuera controlar o dominar y que, por ende, otros sean sometidos. Los hechos cuentan de guerras por control de territorios, riquezas y pueblos; de división de clases sociales; de esclavitud y peor aún, divorcios, con lo que este conlleva para la sociedad. La injusticia que esto repreenta ha despertado la rebeldía de los pueblos e individuos. Conseguir el balance a todo nivel, entonces, va a depender de aprender a negociar, de tal forma que no haya ganadores ni perdedores y lograr vivir en armonía, así como salvar el amor que, en mi parecer, es lo que vinimos a aprender en este mundo.

Aunque creemos vivir en libertad, seguimos sometidos a prejuicios y rendidos ante el deseo de control. Cuando cada parte en un conflicto cree tener la razón y ninguno cede, hay daños colaterales que expanden lo que comenzó entre unos pocos. Realmente, muchas veces se crean conflictos sin sentido y una de las cosas a aprender, es saber en cuáles batallas hay que negociar y evitar pelear.

Las negociaciones también son muy necesarias en el ámbito laboral. Suministrada.

Por definición, ser controlador, es querer que las situaciones que se viven en común con otras personas se adapten y se organicen solo de acuerdo con sus deseos.  Tienen, como decía el Chapulín Colorado, “todos sus movimientos fríamente calculados.” (los suyos y los de los demás). Esto nos lleva a pensar que todos tenemos algo de controladores, de ahí que sea tan difícil tener buenas relaciones a todos los niveles. Por lo tanto, hay que tener voluntad y deseo para aprender que, ante un desacuerdo, tiene que haber negociación. Y, es que, aunque el controlador crea que sus planes son los correctos y que le asiste la razón, donde hay más de uno impactado, hay que hablar, negociar y tranzar en lo que sea necesario.

Negociar es un talento por el cual no te pagan ni te reconocen, más bien siempre se critica al que no sabe hacerlo. Sin embargo, tenerlo y/o desarrollarlo, será de gran ayuda para solucionar problemas, vencer obstáculos, alcanzar objetivos y conservar relaciones.

Curiosamente, la persona controladora, es una persona insegura que teme a los cambios externos y al descontrol. A continuación, enumeramos algunas señales en que coinciden la revista Psychology Today y Psicoactiva.com, como las más evidentes en estos casos:

  • Viven con temor al fracaso y dan muchas vueltas a las cosas
  • Temen al futuro, todo lo organizan al detalle y no soportan los imprevistos
  • Critican con frecuencia, discuten por todo, no valoran opiniones del otro y creen tener la razón siempre
  • No valorizan y frustran metas de otros
  • Celan y coartan las relaciones de las personas que desean controlar, incluyendo familia y amigos
  • Condicionan su amor
  • Se victimizan o amenazan como herramientas de control
  • Guardan con celo todo lo personal, pero exigen una apertura total
  • Invaden el espacio de las otras personas y espían sus pertenencias
Pixabay - argue

Los hijos son retantes y hay que disciplinarlos, pero es una de las negociaciones más complicadas. Suministrada.

Pueden ser muchos más los síntomas, especialmente entre personas independientes, que solo se sienten cómodas en relaciones donde existe manipulación, por lo que muchas veces son personas aisladas. Pero, de seguro, todos tenemos algunos de estos síntomas que terminan manifestándose con ansiedad y disgustos. Cuando descubres que no todo lo puedes controlar, comienzas a tener problemas en tus relaciones, algo que tiene solución: aprender a negociar.  Y, es que varias personas controladoras pueden coincidir en tu entorno familiar, académico, laboral, entre amigos, pareja y entre un sinfín de relaciones, por lo que de alguna manera surgen confrontaciones. Negociamos porque es lo correcto, porque no somos perfectos y porque nadie es dueño de la razón. Negociamos por amor, por vivir en paz, con respeto y armonía; por nuestra salud mental y espiritual… porque la vida no se trata de una situación, ni de un momento y porque siempre aprendemos.

Pixabay - Hug

El amor y la armonía en las parejas perdura cuando hay voluntad para negociar ante el sinfin de desacuerdos que pueden surgir entre seres distintos, acostumbrados a dominar en otros entornos. Suministrada.

Para negociar, las partes en conflicto deben aceptar que existe la necesidad, buscar el momento adecuado y analizar cuáles son los puntos de desencuentro, recordando que no hay ganadores, ni perdedores a nivel personal, sino que se busca que gane la relación que les une o interesan conservar. Negociar no se trata de convencer a la otra parte de que está mal. Se trata de comenzar a mirar cada situación desde afuera, como si fueras otra persona, totalmente imparcial, a la que no mueve ningún interés ni emoción.

Ponerse en el lugar de cada una de las partes, visualizando lo sucedido antes y hasta llegar al conflicto, ayudará a descubrir los detonantes de la situación, a reconocer errores mutuos, tales como, dónde han sido egoístas, injustos, desconsiderados y hasta maltratantes. Lo útil de este ejercicio no es echar culpas, sino aceptar errores y aprender a hacer concesiones, a descubrir que hay que fluir y dejar de tener expectativas altas sobre temas que no se han discutido. De esta forma será más fácil ver lo que uno y otro han sentido antes de llegar al conflicto, lo que han dicho, lo que han callado y lo que deben corregir, lo que hay que perdonar y arreglar. La negociación debe ser de beneficio para la relación y positiva para el bienestar de ambas partes, y su resultado debe ser arreglar el conflicto.

Al final, al controlador le conviene negociar, porque las buenas negociaciones rinden frutos, establecen orden y propician la paz. Advertimos que mientras más cercana sea la relación en conflicto y más intensos los lazos y emociones que les unen, mas urgente se hace aprender a negociar. Por eso, sino, puedes lograrlo, busca un profesional que sirva de mediador.  Ten presente que negociar no solo te hace recuperar la paz, sino conservar tu amor propio y el de los otros


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